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La gran promesa

Cita Bíblica: Juan 14:15-24

Introducción.

Entre los capítulos 13 y 17 del Evangelio de Juan, se encuentra lo que habitualmente se conoce como el ministerio privado de Jesús, o el discurso del Aposento Alto; esta disertación es casi exclusiva del Evangelio de Juan.

Junto al gran “Discurso”, Cristo dio una preciosa prueba de servicio y humildad al lavar los pies de sus apóstoles; también hizo grandes declaraciones y promesas. En estos capítulos encontramos: el anuncio de su partida; la declaración que hizo de sí mismo, como el camino la verdad y la vida; y su declaración de ser la vid verdadera; vemos también grandes lecciones sobre la oración: Jesús, orar primero por su persona, después por sus discípulos y luego por los que habían de agregarse más adelante; él oró por toda la Iglesia, entendiendo que en esa Iglesia está usted y yo.

Nuestra lectura se encuentra inserta en este “discurso”. En esta oportunidad, pondremos especial atención en la promesa de la venida del Espíritu Santo. Cristo había dicho que se iría a preparar lugar y volvería a buscar a los suyos, ahora les dice que no los dejaría huérfanos, sino que vendría el Espíritu Santo.

Hasta este punto, el Evangelio de Juan había dicho muy poco del Espíritu Divino y lo que se había dicho tenía más bien un carácter privado: durante su entrevista con Nicodemo; y otra vez en el capítulo 7, cuando se refirió a él, pero apuntando principalmente a Pentecostés.

Ahora Cristo, en el versículo 16 de nuestra lectura, habla en forma más abierta de la Tercera Persona de la Trinidad y lo llama el “otro Consolador”, también lo llama el “Espíritu de verdad.”

I. EL OTRO CONSOLADOR (Juan 14:16)
II. MORAR EN ELLOS (Juan 14:17)
III. LES ENSEÑARÍA (Juan 14:26)

Conclusión.

¿Qué haremos con esta tremenda promesa? ¿Dejaremos de lado Su ayuda?, ¿Vamos a seguir adelante sin considerar la obra del Espíritu Santo? ¿Dejaremos morar al Espíritu en un rincón olvidado de la casa, o le daremos el lugar que le corresponde en nuestra vida?

¿Seguiremos luchando con nuestras fuerzas y no con las de Dios?, ¿Le mentiremos, lo apagaremos, lo entristeceremos, o dejaremos que nos haga hombres y mujeres útiles para Dios?

Todavía tenemos tareas que hacer y un tiempo para hacerlas; no sé cuánto, hasta que Dios lo permita, sin duda. Hay mucho que hacer, sería grave ignorarlo, pero ese trabajo pendiente, debemos hacerlo con la fuerza del Espíritu Santo, solo así cumpliremos lo que el Señor nos tiene como tareas.

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