Mirando hacia Jerusalén
Queridos hermanos:
El apóstol Pablo les escribe a los hermanos de Éfeso que permanezcan «orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;» (Efesios 6: 18). Por su parte, y en total contraste con la voluntad de Dios, el mundo, Satanás y la carne, no quieren que oremos.
Al realizar una evaluación de la realidad de la oración en la vida de los cristianos y de la iglesia, resulta fácil comprobar que una de las prácticas más descuidadas por aquellos que conforman la Iglesia del siglo XXI, es la oración. Esta fatal negligencia permite la tentación, el desánimo, la falta de crecimiento personal, el ataque espiritual a nuestras familias y el descuido de la Iglesia en general. Pero, por sobre todo, constituye una ofensa a aquel que abrió el cielo para que nuestras oraciones lleguen allí sin impedimento alguno.
Amado hermano, ¿a quién harás caso? Te insto a actuar con sabiduría y a no bajar la guardia descuidando tu tiempo diario consagrado para Dios, tiempo de lectura, oración y meditación.
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes
Lectura Bíblica
Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
Mateo 16: 21-28
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.
Introducción
Nuestro Señor, en el transcurso de sus tres años de ministerio, fue preparando poco a poco a sus apóstoles para el momento de su muerte. En varias ocasiones él les informó de esa necesidad, al principio en forma muy sutil o más bien muy velada, que muchas veces no pudieron distinguir o entender, porque no estaban preparados para ello. Incluso, en un principio, no lograban entender en su real magnitud quién era Cristo.
Les anunció que los que estaban de bodas no podían hacer luto mientras el novio todavía estaba presente y les anunció que ese esposo algún día sería quitado. Esta afirmación era una de las tantas donde Cristo veladamente anticipa su muerte, pero llegará un tiempo donde ellos llorarían y ayunarían, porque el esposo no estará. Esto fue algo que no pudieron comprender.
También les anunció su muerte y asimismo su resurrección al hablarles de la señal de Jonás, tres días permaneció este en el vientre del gran pez, así el permanecería tres días en la tumba antes de resucitar.
Cuando habló que destruyeran el templo, refiriéndose a su persona y que en tres días lo reconstruiría; o la señal de la serpiente que Moisés levantó en el desierto y que, así como él la levantó era necesario que el hijo del hombre sea levantado, fueron otras formas del anuncio de su muerte.
Pero el primer anuncio más directo de su muerte lo encontramos en nuestra lectura, ya no en forma difusa, poco entendible o veladamente, sino que en forma directa y clara.
- Un gran anuncio (su muerte).
- Una gran reprensión (a Pedro).
- Una gran advertencia (a nosotros hoy).
Conclusión
El gran ministerio de Cristo sin duda es fascinante. Humildemente y en obediencia fue paso a paso revelando quién era y paso a paso también la necesidad de su muerte. Siempre su vista miró hacia Jerusalén, lugar de su martirio.
Después de que sus apóstoles pudieron comprender que Él era Cristo, o Mesías, y el Señor de todo, nuestro Salvador pasa a revelar otra gran y necesaria verdad: Él debía ir a Jerusalén, padecer de los principales, ser muerto y resucitar al tercer día, acontecimiento y verdad fundamental para el plan redentor de Dios a favor del hombre.
Esa revelación directa de parte de Cristo causó confusión a Pedro y, por qué no decirlo, a todos, y este quiso impedir que su Señor llegara a la cruz, cosa que le significó una gran reprensión por tratar de impedir los planes de Dios. Pedro fue tropezadero para el Señor al tratar de impedir su camino a la cruz.
Después de la reprensión, nuestro Señor pasa a relatar las verdaderas credenciales de sus seguidores, la negación y el tomar la cruz.
Del relato nacen varias preguntas para nosotros hoy: ¿he reconocido a Cristo como Señor y salvador en mi vida? y, si lo he reconocido, ¿reconozco la necesidad de su muerte a mi favor? ¿Creo que la muerte de Cristo es necesaria para el perdón de pecados? Si lo he hecho, la siguiente pregunta es: ¿estoy dispuesto a negarme a mí mismo y tomar la cruz? Y una última pregunta que ya hicimos: ¿estoy dispuesto a abandonar todo por amor a Cristo?
Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
Mateo 16: 21










