El orden de Dios
Amados hermanos:
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán en tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
Deuteronomio 6:6-7
Dios no solo entrega mandamientos y reglas a su pueblo, sino que responsabiliza de entregar estas enseñanzas, más que al oído de sus hijos, al corazón de ellos. Primero, las enseñanzas de Dios debían estar en el corazón de los padres («estarán en tu corazón»), luego, estos debían entregarlas a sus hijos formando parte del andar y del vivir cotidiano, en la casa, en el camino, y no solo en momentos muy especiales, sino que desde el despertar hasta el momento de acostarse.
La presencia de Dios y su voluntad debían estar presentes en la atmósfera misma que se respiraba en cada hogar, no solo en la sinagoga o el templo, no solo durante ceremonias o conmemoraciones especiales, sino todo el tiempo.
Han pasado los años. Hoy no estamos en la dispensación legal sino en la de la gracia, no obstante, el principio sigue siendo el mismo para los padres cristianos: tenemos la responsabilidad de alimentar en nuestros hijos el amor hacia Dios, entregarles el conocimiento bíblico y lo que es Su voluntad para con ellos, además de corregir cualquier desviación de las normas divinas.
Obviamente, que todo lo anterior será solo un buen intento si primero nosotros, los padres, no experimentamos la satisfacción y la disciplina propia del andar en Cristo.
Los padres estamos comisionados, responsabilizados de la formación espiritual de nuestros hijos, formación que influirá en sus emociones, en sus elecciones, en sus relaciones, incluso, en su salud física y mental.
Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.
Efesios 6:4
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes
Lectura Bíblica
Cuando llegó el mes séptimo, y estando los hijos de Israel ya establecidos en las ciudades, se juntó el pueblo como un solo hombre en Jerusalén. Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios. Y colocaron el altar sobre su base, porque tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, holocaustos por la mañana y por la tarde. Celebraron asimismo la fiesta solemne de los tabernáculos, como está escrito, y holocaustos cada día por orden conforme al rito, cada cosa en su día; además de esto, el holocausto continuo, las nuevas lunas, y todas las fiestas solemnes de Jehová, y todo sacrificio espontáneo, toda ofrenda voluntaria a Jehová. Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos a Jehová; pero los cimientos del templo de Jehová no se habían echado todavía. Y dieron dinero a los albañiles y carpinteros; asimismo comida, bebida y aceite a los sidonios y tirios para que trajesen madera de cedro desde el Líbano por mar a Jope, conforme a la voluntad de Ciro rey de Persia acerca de esto.
Esdras 3:1-7
Introducción
Al lector cuidadoso le llamará la atención que luego del retorno de una fracción del pueblo de Israel a Judá (42 360 personas más otras con las que se suman 49 897), con el fin de reconstruir el templo, la tarea no comenzó de inmediato.
En realidad, desde el momento en que llegaron hasta que comenzó la reconstrucción pasaron catorce meses. ¿Por qué? ¿Por pereza? ¿Miedo a comenzar tan grande labor? ¿Espera de mayores refuerzos? ¿Qué hicieron los misioneros una vez que llegaron al lugar de la misión? Esdras nos da la secuencia de acciones que realizaron desde su llegada al lugar de trabajo.
- Se asentaron (Esdras 3:1).
- Levantaron un altar (Esdras 3:2-3).
- Llevar a los obreros a una relación profunda y personal con el Señor.
- Buscar la correcta relación con el Señor.
- Instruir al pueblo.
- Limpiar de la contaminación babilónica.
- Levantar los ánimos frente al temor que les infundían sus enemigos (Esdras 3:3).
- Entender la razón de la obra que tenían por delante.
- Llevar a los obreros a una relación profunda y personal con el Señor.
- Celebraron la Fiesta de los Tabernáculos (Esdras 3:4).
- Hicieron preparativos para la construcción del templo (Esdras 3:7).
Conclusión
No basta con construir un edificio imponente en el nombre del Señor, participar de un buen sistema religioso o aceptar un credo verdadero para que una persona llegue a tener comunión con Dios. No es suficiente estar en un registro de miembros, pasar por un solemne acto de iniciación o asistir en forma continua al culto para que una persona experimente una fe viva en el Creador.
Lo que un ser humano requiere es una vivencia, establecer una relación vital con el Señor. Bajo el lente del Nuevo Testamento, diremos que es imprescindible experimentar un nuevo nacimiento (Juan 3:3-6).
Luego, ¡cuán importante es una limpieza profunda sacando todos los ídolos del corazón! No fue fácil limpiar la casa de Jacob, no fue fácil quitar los ídolos del corazón del pueblo liberado de Egipto ni tampoco fue sencillo en el tiempo de Esdras con el pueblo que regresaba a Israel.
Cabe aquí una pregunta importante: y hoy, ¿cómo estamos? ¿Aún quedan o han anidado nuevos ídolos en tu propio corazón? ¡Cuán importante es identificarlos y desarraigarlos hoy!
(…) limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
2ª Corintios 7:1b










