El próximo paso
Amados hermanos en Cristo:
Pablo les dice a los hermanos de la iglesia de Corinto: «Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.» (1ª Corintios 4: 20).
De las Escrituras se desprende que se debe vivir una vida conforme a las sanas palabras, conforme a la sana doctrina, es más, es vital para la vida fructífera, pero, simultáneamente resulta de vital importancia vivir en el Espíritu quien nos ilumina para entender y aplicar esa sana doctrina; él nos guía y nos transforma con poder.
La redención implica «poder», la renovación diaria y constante del creyente implica «poder», la vida abundante implica «poder», el vencer constantemente a la vieja naturaleza implica «poder», la recepción y aplicación de los dones implica «poder». Para que ese poder esté presente y en acción se requiere de buena comunión con el Señor, lo cual implica: obediencia, un corazón limpio, vida devocional y servicio. Palabras, sí, pero con el testimonio que demuestra que el poder de Dios se manifiesta en la persona que predica.
Pablo le dice a Timoteo: «Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús,» (2ª Timoteo 2: 1). La traducción directa del griego enriquece aún más la idea, pues leemos: «Tú, pues, hijo mío revístete de poder en la gracia que es en Cristo Jesús,» (2ª Timoteo 2: 1 del Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español).
El poder no consiste en hablar fuerte, con autoritarismo, con gestos impactantes, asustando a la gente o con labia y fluidez; tampoco el poder es intrínseco del que podríamos llamar poderoso, no es una facultad que él ha desarrollado; el poder es, en realidad, el poder de Dios que actúa cuando humildemente entregamos todo lo que somos al Señor para que él nos use.
Qué gran ejemplo tenemos del Señor Jesús. Él ha sido y es la persona más poderosa del universo, pero le vimos humilde y sencillo calmar una tempestad, resucitar muertos y dar salud y paz.
Ni palabras sin poder, ni poder sin palabras. Se concluye que la idea bíblica es: Palabras con poder.
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes
Lectura Bíblica
Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
Josué 1: 1-9
Introducción
Luego de la muerte de Moisés, quien guio al pueblo por 40 años hacia la Tierra Prometida, el Señor levanta a otro varón al cual estuvo preparando durante largo tiempo, instrumento que formó y probó bajo diversas circunstancias.
El factor humano puede, para su propio perjuicio, postergar, e incluso ignorar, el proyecto de Dios para su vida, pero Dios siempre hará que el proyecto final, el proyecto para el cual esa persona fue una pieza escogida, sea completamente consumado. En algunos casos implicará, incluso, que otro tome su lugar.
Josué fue la pieza que el Señor tenía para continuar con la obra de Moisés, él ya había sido comisionado por Moisés y por el mismo Señor para la tarea que venía por delante, esto lo vemos en Deuteronomio 31: 7-8, 14. Ahora, en una segunda fase, luego de la muerte de Moisés, Dios habla a Josué y lo instruye sobre lo que tendría que hacer:
- Misión. Continuación inmediata de la obra (Josué 1: 2).
- Compromiso del Señor. Cobertura permanente (Josué 1: 5).
- Condiciones al misionero. Dos condiciones (Josué 1: 6).
Conclusión
La Iglesia está formada por atletas que durante dos mil años han continuado la carrera de la fe, pasando de generación en generación el «testimonio» para que la carrera no se detenga. Ignoramos cuántas veces más será pasado. Lo que sí sabemos es que la carrera tiene una meta y, un día, un último receptor recibirá el «testimonio» con lo cual se dará fin al circuito.
Siguiendo el ejemplo de Josué, tomemos el «testimonio» y sin dudarlo corramos la distancia que nos ha sido asignada bajo el sol. Josué lo hizo muy bien, mucho más adelante, el apóstol Pablo lo hizo muy bien, ahora, nos toca a nosotros. ¿Estás corriendo como se debe? ¡Ánimo! el Señor está contigo. ¿Se te cayó el «testimonio»? Tómalo de nuevo y continúa.
Sigamos el consejo del Señor: «(…) despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,» (Hebreos 12: 1).










