Un gran profeta es anunciado, parte I
Estimados hermanos en el Señor:
El autor de la epístola a los Hebreos nos advierte: «Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;» (Hebreos 12: 15).
Hay plantas que aún después de arrancadas de la tierra, con el solo hecho de que quede un pequeño trocito de raíz, pueden restituirse rápidamente y reaparecer renovadas (como el caso del acanto), las cuales brotarán y crecerán en medio del césped, en medio de las flores o en medio de tu mejor arreglo del jardín, aún después de supuestamente erradicada. Si las quieres eliminar tendrás que quitar completamente la raíz, no solo parte de ella o esta volverá a formar toda la planta. Por ello no debemos jugar con las cosas que pueden estimular el desarrollo de esa raíz. Si eres débil en algún aspecto de tu vida no juegues con él, porque la fracción de raíz oculta que aún queda se tornará en planta invasora en cosa de instantes y afectará a todo tu jardín.
Esas raíces de amargura pueden ser: palabras que hirieron y están guardadas; insatisfacciones; frustraciones; rencores; secretos que deben ser revelados; malas experiencias; desilusiones; celos y envidias; injusticias vividas; malas tendencias, aunque muy secretas (lujuria, apetitos anormales), etcétera.
Estas raíces de amargura fácilmente pueden contaminar a otros, pues en la congregación todos estamos vinculados y sensibles a los pecados de los otros.
Con anterioridad el escritor ha dicho: «despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,» (Hebreos 12: 1b). Se nos habla de despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia. Las raíces de amargura constituyen un gran peso y son, ellas mismas, potenciales causas de pecado, las cuales están al acecho para dañarnos y dañar a muchos.
Sigamos entonces el gran consejo: «despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia». Para ello es muy importante el examen del corazón con el Señor (Salmo 139: 23-24) y luego el pedir por la erradicación de esa raíz de amargura conscientes que, en ocasiones, son más de una.
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes
Lectura Bíblica
Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.
Deuteronomio 18: 15-19
Introducción
En el libro de Deuteronomio se proclama una gran profecía mesiánica. Se le está diciendo al pueblo de Israel que en el futuro se levantaría un profeta de entre ellos similar a Moisés, el cual hablaría lo que Dios quería decirle al pueblo. Advierte que todo aquel que no lo oyere deberá rendir cuentas a Dios.
Durante mucho tiempo Israel esperó a este profeta y, cuando aparece Cristo entre el pueblo, algunos pensaron que podría ser él, otros francamente lo rechazaron y unos pocos lo reconocieron plenamente.
Ahí estaba el Profeta entregando su mensaje ineludible, la pura voz de Dios; pero, cuando esto ocurrió no lo reconocieron, no escucharon su voz, sino que le quitaron la vida.
Consideremos ahora, con más detalles, esta gran profecía divina hecha por medio de Moisés:
- Sería como Moisés.
- Lo que es un profeta.
- Jesús se identifica con aquel profeta como Moisés.
Conclusión
El Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) tiene un tema principal: presentar a Cristo y su obra bajo las más diversas figuras y prácticas como el sacrificio de Abel, el arca de Noé, el sacrificio de Isaac, el tabernáculo y sus muebles, las prácticas sacerdotales, los sacrificios sacerdotales, las ciudades de refugio y, ahora, aquel profeta diferente, un profeta como Moisés. Así vamos comprobando en forma práctica que el tema central de las Escrituras es el Señor Jesucristo y su Obra.
La pregunta muy personal que toda persona debe hacerse es ¿es Cristo el tema central de mi vida? ¿Le he permitido realizar su obra en mi vida?
¿Podemos decir: «y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.» (Gálatas 2: 20b)?










