Estimados hermanos:

En el libro de Proverbios leemos: «Sin profecía el pueblo se desenfrena» (Proverbios 29: 18a). Otra versión lo traduce así: «Cuando no hay visiones, el pueblo se relaja». En realidad, ambas versiones se complementan, pues la idea es que sin la luz de Dios (profecías, visiones, es decir, la Biblia) las personas terminan haciendo y pensando lo que quieren, obviamente, para su propio mal. Es muy notorio como el mundo se encuentra desorientado y no sabe cómo entender su propio propósito en la vida y el tiempo en el que vive; se hace notorio cómo aparecen personajes que prometen una nueva era en la que la tecnología se exalta y prácticamente se diviniza; otros, solo buscan la anarquía y, con ella, el total caos; otros, miran cómo implantar un sistema de gobierno global encabezado por organizaciones asociadas a la ONU; otros, etcétera.

Lo maravilloso es que, para el creyente verdadero, el que busca respuestas en la Biblia, sí sabe hacia dónde marcha el mundo y, mejor aún, hacia donde se dirige él mismo.

Demos gracias al Señor por su luz, su visión, su revelación y guía en estos días de tinieblas y confusión.

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes


Lectura Bíblica

Estas son las palabras postreras de David.
Dijo David hijo de Isaí,
Dijo aquel varón que fue levantado en alto,
El ungido del Dios de Jacob,
El dulce cantor de Israel:
El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,
Y su palabra ha estado en mi lengua.
El Dios de Israel ha dicho,
Me habló la Roca de Israel:
Habrá un justo que gobierne entre los hombres,
Que gobierne en el temor de Dios.
Será como la luz de la mañana,
Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.
No es así mi casa para con Dios;
Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo,
Ordenado en todas las cosas, y será guardado,
Aunque todavía no haga él florecer
Toda mi salvación y mi deseo.
Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados,
Los cuales nadie toma con la mano;
Sino que el que quiere tocarlos
Se arma de hierro y de asta de lanza,
Y son del todo quemados en su lugar.

2ª Samuel 23: 1-7

Introducción

Con el libro de Samuel comienza el relato de una nueva etapa en la historia de la redención y de los planes finales del Señor. Digo «nueva etapa», pues la historia de la redención la comenzamos a ver en el libro de Génesis incluso antes de la salida de Adán y Eva del jardín de Edén. Aunque, si somos más detallistas y cuidadosos, podemos decir que, en realidad, comienza antes de la fundación del mundo.

En Moisés encontramos un gran tipo del Señor Jesucristo. En Deuteronomio se promete que sería levantado un profeta como Moisés; pero en David encontramos no solo un tipo de Cristo sino uno que fue antepasado significativo de Cristo y con el que se inició la dinastía davídica o el linaje davídico del cual el Señor Jesucristo es el representante más importante.

Por su parte, David, al igual que Moisés, ejerció la labor de profeta (considerar los Salmos), realizó funciones sacerdotales y fue rey con todas las funciones que implicaba una monarquía con poderes absolutos: funciones legislativas, funciones judiciales, funciones militares, funciones ejecutivas y funciones espirituales.

Entremos, entonces, a considerar la tremenda figura de David a partir del libro de 1ª Samuel.

  1. Un rey elegido por Dios.
  2. Un varón de Dios que supo esperar los tiempos de Dios.
  3. Un rey guerrero y paladín de justicia.

Conclusión

David es una persona que no solo presentó al Mesías con una claridad excepcional revelándonos incluso el sentir de Cristo antes de su encarnación, incluyendo sus sentimientos mientras colgaba de la cruz del Calvario, sino que también nos habla de los triunfos obtenidos sobre esa cruz, del advenimiento del reino mesiánico y de las delicias eternas asociadas a ese triunfo.

Aprendamos de este «dulce cantor de Israel» y procuremos ser, al igual que él, personas conforme al corazón de Dios que hacen siempre su voluntad.

He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.

Hechos 13: 22b