Queridos hermanos en la fe:
Dios nos revela que: «el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud;» (Génesis 8: 21b).
Con el correr de los milenios esta verdad expresada en el principio del libro de Génesis sigue vigente; ni la cultura, ni la experiencia, ni la ciencia, ni la tecnología la han podido cambiar. Es un principio que ha sido comprobado infinidad de veces en diversas culturas a través del tiempo.
¿Por qué antes de cruzar una calle que solo tiene un sentido para el tránsito vehicular miro también en el sentido contrario? Pues porque sé, por repetidas experiencias, que no pocas personas son capaces de transitar en sentido contrario al impuesto por las leyes y destacado por las claras señales que ha puesto la municipalidad.
¿Sucede esto por ignorancia de los conductores? definitivamente no, lo hacen con plena conciencia.
Estas experiencias de la vida cotidiana son solo una pequeña muestra de lo que el corazón del hombre realiza todo el tiempo, es decir, ir contra las leyes y principios establecidos tanto por la sociedad como por Dios en la naturaleza, en Su Palabra y en el corazón, y esto no por ignorancia.
Se ha visto que puedes llevar a la civilización a un punto muy alto en lo moral y espiritual, pero pronto comenzará a descender y el resultado final será más triste que al principio del ascenso. Esto lo vemos con Israel en el libro de los Jueces o en tiempo de los reyes o el postexílico; lo vemos con Europa luego de la Reforma y luego de los avivamientos que convirtieron a pueblos enteros.
El corazón del hombre es un rebelde irremediable que persiste en pecar con o sin conocimiento; con poca o ninguna preocupación por el daño que pueda causar a su prójimo. Por ello, Dios ofrece algo mucho mayor que una reparación, algo mucho mayor que una restauración o lo que pueda lograr un programa educativo, Él ofrece cambiar ese corazón enteramente, quitar el de piedra que llevamos desde nuestra cuna y cambiarlo por uno sensible de carne. Esta es la única solución posible para cambiar a un ser humano.
No se trata pues, de elevar al hombre cultural, económica o socialmente, sino de cambiar su corazón.
y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Ezequiel 36: 26
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes
Lectura Bíblica
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían: Verdaderamente este es el profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo? Hubo entonces disensión entre la gente a causa de él. Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó mano.
Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y estos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!
Juan 7: 37-46
Introducción
El domingo pasado iniciamos el estudio de una gran profecía mesiánica presente en el libro de Deuteronomio. En ella se le dice al pueblo de Israel que en el futuro se levantaría un profeta de entre ellos similar a Moisés. Se advierte, particularmente, que debe ser oído y que todo aquel que no lo escuche deberá rendir cuentas a Dios.
Unos 1410 años más tarde ese profeta llega. Se trata del Hijo de Dios el Señor Jesucristo. Tristemente, durante su paso por el mundo fue muy poco reconocido, pero su voz fue clara y se sigue escuchando y continúa haciendo maravillas entre los hombres que abren sus oídos.
Avanzando en nuestro tema, hoy les invito a considerar otros aspectos de este gran profeta y su mensaje inamovible en el tiempo.
- Funciones sacerdotales.
- Funciones reales.
- Cristo superior a Moisés.
- El mensaje del profeta.
Conclusión
Comprobamos que la Biblia es una unidad armoniosa cuyo centro es Cristo. El libro de Deuteronomio profetiza la visita del Señor Jesucristo usando a Moisés como tipo. Por ello entendemos la importancia que fue el que Moisés obedeciera en todo al Señor, pues él debía ejemplificar en todo a aquel profeta, legislador y sacerdote perfecto que no sería otro que el Mesías, el Redentor, el Cordero de Dios que quita el pecado.
Aunque la promesa se hizo a Israel, su cumplimiento bendijo a todas las naciones hasta hoy, por lo que la sentencia sigue siendo válida y de extrema importancia para todos. «a él oiréis;» ¿lo has oído? Aún más importante: ¿has acatado sus principios de vida?
Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;
Deuteronomio 18: 15
Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Juan 6: 68
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Mateo 24: 35; Marcos 13: 31; Lucas 21: 33
