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Himnos


Estimados hermanos, les saludo pidiendo al Señor que su bendición los acompañe durante toda la semana que recién comienza:

Es notorio que cuando una persona recibe a Cristo como su salvador, experimenta la profunda necesidad de compartir su maravillosa experiencia comenzando con las personas a las que más ama.

Es que hay, al menos, tres motivaciones por las que no se puede callar tan sublime experiencia: primero, porque siempre queremos compartir lo bueno con aquellos que más amamos, y nada hay superior que recibir la salvación ofrecida por el Señor. Luego, porque siempre vamos a querer librar del sufrimiento a nuestros seres queridos; y, al conocer a Cristo y la redención que nos ofrece, tomamos conciencia del terrible destino que nos esperaba y que espera a todo aquel que no acude a los pies de Jesucristo. Por último, la persona no puede dejar de entregar el mensaje, por cuanto, desde que Cristo se tornó en su Señor, quiere agradarle y hacer Su voluntad, y todo cristiano sabe que, compartir del Evangelio a otras personas, es claramente Su voluntad.

Por lo considerado anteriormente, se deduce que todo convertido se torna en un misionero para su casa y también para el medio en el que vive.

Les saluda con un fraternal abrazo,

Sergio Oschilewski M.
Pastor I. Bíblica Las Condes


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Pasaje bíblico

Hechos 11:19-24

Introducción

Cuando vemos la expansión mundial del Evangelio, a partir de una iglesia recién nacida y perseguida a muerte, tenemos que recordar las palabras del Señor cuando dijo: «pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…» (Hechos 1:8a), pues sin ese poder sería imposible realizar la portentosa misión que vemos en el libro de los Hechos.

Pero, para usar el poder prometido, y luego disponible, se requería: fe, amor y total obediencia. En esta oportunidad, quiero traer ante ustedes a los primeros cristianos que fueron más allá de sus fronteras, en los que se evidencia el uso de aquel poder prometido con el cual realizaron hazañas espirituales asombrosas.

  1. Felipe, un evangelista completo (Hechos 8:4-40)
  2. Varones valientes (Hechos 11:19-24)
  3. Pedro, el unificador (Hechos 10:1-48)

Conclusión

Para todos los que conformamos la Iglesia estas personas son importantísimas, pues constituyen ejemplos en la expansión del Evangelio conforme a las instrucciones del Señor y, por lo tanto, son hitos en la historia del desarrollo de la Iglesia hasta hoy. Tenemos una gran deuda de gratitud con ellos y, obviamente, con el Señor que los llamó para realizar la Gran Comisión.

Las personas que hemos considerado hoy demostraron, como muchos otros también lo hicieron más adelante, que para llevar adelante las tareas encargadas por el Señor, no se deben esperar «tiempos mejores» y que nunca pondremos en acción el poder de Dios mientras no le obedezcamos.

Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla;
Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.

Salmo 126:6

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