Mayo: mes de misiones

Proclamad entre las naciones su gloria,
En todos los pueblos sus maravillas.

Salmos 96: 3

Amados hermanos:

Creo que es justo pensar y agradecer por ese grupo de personas cuyos nombres probablemente no se encuentran en los libros de historia de las misiones, pero que una vez con valor, renuncia y sacrificio personal y familiar, vinieron y predicaron en nuestro país el mensaje de salvación, con amor, sencillez, verdad y poder. Gracias a ellos, mis padres conocieron la verdad de Cristo, la cual retransmitieron a muchos, incluyéndome a mí.

Demos gracias al Señor por haberlos llamado hasta nuestra tierra para transmitirnos el Evangelio de verdad y salvación.

Como frío de nieve en tiempo de la siega, Así es el mensajero fiel a los que lo envían, Pues al alma de su señor da refrigerio.

Proverbios 25: 13

Sergio Oschilewski Malinowski
Pastor Iglesia Bíblica Las Condes


Lectura Bíblica

Juan 4: 7-15.

Introducción

Este episodio del evangelio de Juan es, quizás, uno de los diálogos o entrevistas personales más fascinantes que Jesús tuvo. La otra gran entrevista es la que encontramos en el capítulo tres, con Nicodemo. Sin embargo, los dos personajes, la mujer samaritana y Nicodemo, son muy diferentes entre sí, además las situaciones se dan en lugares y contextos distintos.

Consideremos lo siguiente: el encuentro con Nicodemo fue de noche; con la mujer, a la hora sexta del día, que sería aproximadamente las doce del día. Un episodio fue en Jerusalén, provincia de Judea; el otro, cerca de la ciudad de Sicar al lado del pozo de Jacob, en la provincia de Samaria. La de Nicodemo, fue una visita planeada y él inicio la conversación, la de la mujer, podríamos decir que fue casual y fue Jesús el que inició la conversación. Nicodemo era un maestro y gobernante altamente respetado, la mujer era alguien a la cual sus pares despreciaban. Nicodemo tuvo una actitud amable hacia Cristo, llamo a Cristo Rabí, la mujer tuvo primeramente una actitud hostil hacia Cristo y al final fue de respeto.

En el diálogo con Nicodemo, éste desaparece rápidamente de la conversación y las palabras de Cristo se transforman en un monólogo. Con la mujer, el diálogo se mantuvo hasta el final; siete veces habló ella y siete Cristo. Nicodemo era judío, la mujer era samaritana.

Pero, aunque podemos ver muchas diferencias entre ambos personajes y su diálogo con Cristo, podemos decir con certeza que ambos tenían la necesidad de nacer de nuevo y tenían necesidades que solo Cristo podía llenar y satisfacer.

  1. Su necesidad.
  2. Su arrepentimiento.
  3. Su fe.
  4. Su testimonio.

Conclusión

Este pasaje, que parece tan casual, nos muestra uno de los relatos más hermosos y reveladores de nuestro Señor. Aquí nos muestra su humanidad en pleno; sintió sed como cualquier hombre. Pero, además, nos muestra su divinidad, ambas unidas en una de las manifestaciones más grandes de Jesús.

En este pasaje vemos la majestad, gracia, misericordia y paciencia con que nuestro Señor transmite el mensaje de luz y esperanza a una mujer samaritana que, en un principio, se mostraba reticente a escuchar. Pero, poco a poco, Cristo fue despertando en su corazón una creciente necesidad de lo que el Señor le ofrecía hasta darse cuenta de que no era Cristo el que necesitaba calmar la sed sino ella.

En la mujer no solo vemos la necesidad de todo hombre, sino que vemos su arrepentimiento y fe para alcanzar lo prometido.

Aquí Cristo nos muestra sin duda un gran ejemplo de cómo entregar a otros el mensaje, pero también nos muestra a través de esta mujer la responsabilidad y privilegio que tenemos de alcanzar a otros con ese mensaje. Ella es un gran ejemplo de lo que cada creyente debe ser y hacer con el Evangelio, fue de gran bendición para su pueblo.

El Señor también nos llama a nosotros a ser una gran bendición para los que nos rodean. Cristo solo le pidió que trajera a su marido, sin embargo, ella trajo a todo un pueblo. La pregunta para nosotros salta inmediatamente a nuestra vista, mente y, por supuesto, a nuestro corazón: ¿qué traeremos nosotros a los pies de Cristo?

y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

Juan 4: 42