Estimados hermanos:
Con los años podemos darnos cuenta de que algunas de las cosas que no se suelen enseñar en la infancia y adolescencia son algunas de las que más necesitaremos en la vida. Obviamente que habrá excepciones y alguien dirá con justa razón «pero a mí sí me instruyeron en esas áreas».
¿A qué me refiero? Consideremos algunas de estas enseñanzas ausentes en millares de vidas: el tan importante concepto del ahorro sistemático, el evitar a toda costa las deudas, el cómo elegir al cónyuge, el cómo enfrentar la presión del consumismo, el valor de la palabra honor, el ser agradecido y el reconocer los errores, entre otras. Pasemos ahora a otro nivel y consideremos lo siguiente: cómo enfrentar la muerte y la eternidad, saber quiénes somos y por qué estamos aquí; saber qué es lo más importante de la vida, conforme a una fuente objetiva y no pasional ni fantasiosa, etcétera.
La Biblia nos enseña sobre todo esto y mucho más. La ignorancia de las enseñanzas de la Biblia ha traído como consecuencia la incapacidad para enfrentar las exigencias y los peligros de la vida y, en su lugar, aceptar las fantasías de Hollywood y otros comerciantes de los afectos.
Sin embargo, aun cuando nos faltaran estas y otras enseñanzas, muy útiles y protectoras, no tenemos excusa, pues la Biblia, el «tesoro precioso», se encargará de instruir al lector diligente, sobre todo lo que sea necesario para administrar la vida.
Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio;
Proverbios 21:20
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes
Lectura Bíblica
Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado. Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo.
Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez.
Génesis: 21: 1-7
Introducción
Los versículos leídos nos narran un acontecimiento muy esperado en el Antiguo Testamento. Pocas personas han sido traídas al mundo con tanta expectación —como es el caso de Isaac— no solamente por su persona, sino por lo que él significa en todo el plan divino.
Él es anticipo de un nacimiento mucho más importante que muchos santos esperaron con la misma paciencia de Abraham durante muchos años. Un largo tiempo donde se mantuvieron tan firmes como Abraham ante las promesas de Dios, donde su fe y obediencia fue probada, pero también aprobada por Dios.
Veinticinco años han pasado de la salida de su tierra y de la promesa que el Señor le hace a Abraham en cuanto a su descendencia y la tierra entre otras cosas.
Eran el patriarca y su esposa ya de avanzada edad cuando el Señor da cumplimiento a su promesa, pero podríamos afirmar que la fe de Abraham fue recompensada a pesar de su estado.
Dios nos demuestra que actúa mucho más allá de las capacidades humanas y, a pesar de lo que nosotros podamos pensar, que ya es tarde o que la promesa sea de difícil cumplimiento, debemos tener certeza que Dios es fiel y sus promesas no fallan. Ellas no descansan en lo que nosotros podamos ser, hacer o creer, sino más bien en lo que Dios es.
Veamos cómo fue este ese esperado cumplimiento de la promesa hecha a Abraham muchos años antes de nuestra lectura.
- El cumplimiento de Dios.
- La obediencia de Abraham.
- El gozo de Sara.
Conclusión
Abraham es ejemplo de fe, pero también de obediencia a Dios. Salió de Ur a una tierra que Dios le mostraría y con la promesa de una gran descendencia.
Él vivió siempre confiando y descansando en las promesas de Dios. Nunca llegó a la tierra que Dios le prometió, sin embargo su descendencia pudo gozar de esa promesa. El Señor le fue fiel a la promesa de un hijo y cumplió con su palabra de otorgarle descendencia, le otorgo un hijo con su esposa Sara, un hijo que traería gozo no solo a ellos, sino un gozo que dura hasta nuestros días.
Las promesas de Dios son fieles e inquebrantables, porque descansan en uno que no puede mentir. El creyente debe vivir y descansar sobre las promesas de Dios tal como así lo hicieron Abraham y su esposa.
Lo importante aquí es saber si nosotros los creyentes estamos dispuestos a esperar con paciencia y a su debido tiempo las promesas del Señor; estamos dispuestos a vivir con obediencia y fe, aunque ellas tarden; estamos dispuestos a esperar los tiempos de Dios para su cumplimiento.
Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.
Génesis 21: 1-2
