¿Desesperanza, indolencia o amor?

Queridos hermanos en el Señor:

La exhortación divina dice: «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias» (Colosenses 4: 2). «Perseverad» nos habla de una oración constante y persistente. Por su parte, «velando» nos exhorta a no dormirnos, a no aburrirnos, a cuidarnos para que la oración se mantenga viva y fervorosa. ¿Cómo se encuentra esta preciosa y vital práctica en tu vida?

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes


Lectura Bíblica

Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó.

Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la barca, se volvió. Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; pero Jesús le despidió, diciendo: Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.

Lucas 8: 26-39

Introducción

En el episodio que relata el evangelista Lucas, encontramos tres encuentros en los que se denota, en forma muy marcada, a tres tipos de seres: los desesperanzados, los indolentes y los redimidos.

Lucas nos cuenta de una vez en la que el Señor Jesús visitó la tierra de los gadarenos. Rápidamente podemos apreciar que se trataba de un lugar muy especial, donde destaca la baja calidad ética de sus habitantes, esto lo podemos asociar al hecho de que los lugareños criaban cerdos, lo cual era una labor inmunda y prohibida para los judíos. En ese lugar, Jesús, junto con tener tres interesantes encuentros, recibió cinco ruegos, los cuales, les invito a considerar:

  1. El ruego de los demonios (Lucas 8: 26-33).
  2. El ruego del mundo (Lucas 8: 34-37).
  3. El ruego de un hombre redimido (Lucas 8: 38-39).

Conclusión

A modo de conclusión, permítame dejar con usted algunas preguntas para reflexionar durante la semana:

  • ¿Qué siento en mi interior cuando pienso en el Señor Jesucristo: desesperanza, indolencia o amor y gratitud?
  • Cuando toma una decisión, ¿qué lugar ocupa la opinión del Señor en esa resolución?
  • Cuando se divierte, ¿puede estar presente el Señor y sentirse cómodo?
  • Cuando planifica, ¿con qué sinceridad ora y busca el rostro y la voluntad del Señor?
  • ¿Cuántas veces dejó a su Salvador y Señor fuera de su vida diaria durante el último mes?

Predicador

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski

Fecha

30 de noviembre de 2025

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