¿Dónde está mi corazón?

Cita Bíblica: Mateo 6:19-21

Introducción.

Desde los albores de la humanidad el hombre ha luchado, y sigue luchando, por acumular riquezas materiales. A veces, sin siquiera darnos cuenta, vamos tras ellas en una carrera que no se detiene y no tiene fin.

No solo riquezas materiales, persiguen los hombres, sino que también gloria y poder, que para la humanidad, son verdaderos tesoros incalculables y difíciles de abandonar.

La Biblia nos habla en abundancia de esto. Destaca las riquezas y el poder: de los grandes faraones egipcios; de los reyes de Babilonia, de los medopersas. Incluso, nos habla de las muchas riquezas del gran rey Salomón.

También en el Nuevo Testamento encontramos ejemplos de hombres de grandes riquezas, como el del «joven rico» (Mateo19:16-22) que no sabía qué hacer con lo mucho que poseía; o el rico que hacía banquete a diario y se vestía con lino fino, (Lucas 16:19). Otro ejemplo es el del hombre que quería llenar aún más sus graneros de tesoros, sin embargo, esa noche venia la muerte a buscarlo (Lucas 12-13-21).

Hoy en día también se nos habla de las muchas riquezas de grandes hombres que son contemporáneos a nosotros, seria largo enumerarlos.

Debemos aclarar que las Escrituras no condenan las riquezas, no nos olvidemos que grandes hombres de Dios poseían muchos tesoros, como es el caso de Abraham y el gran Job; y como el que ya mencionamos: el rey Salomón. Lo que sí tenemos que tener claro, es que sí condena a aquel que pone sus riquezas por sobre Dios.

En la lectura de hoy tenemos a nuestro Salvador y Señor hablando y advirtiendo de los tesoros, veamos que nos dice.

  1. Una exhortación
    1. La negativa
    2. La positiva
  2. Una advertencia
    1. La posición del corazón

Conclusión.

La Biblia nos dice que las riquezas en si, no son malas y que es bueno ser previsor, en cuanto a nuestro trabajo. Es sabido muy bien lo que recomendó José al Faraón de Egipto, que acumulara grano para los tiempos difíciles, también nos habla el gran rey Salomón de las hormigas: como trabajan y guardan para el invierno; y el apóstol Pablo hace una advertencia a los creyentes: que el que no trabaja tampoco coma.

Las Escrituras no están contra las riquezas, son muchos los creyentes en la Biblia, a lo largo de la historia, que han tenido grandes riquezas.

Lo que la Biblia si condena es que los tesoros terrenales estén por sobre Dios y los tesoros celestiales. Debemos, como creyentes, procurar más fervientemente atesorar bienes en el cielo que en la tierra, porque existe el gran peligro de que si estamos sujetos a los tesoros terrenales, nuestro corazón también lo esté a ellos.

Nuestro corazón debe estar con Dios. Nuestro gozo, nuestros afectos, nuestras preocupaciones y cuidados deben mantener nuestra mirada en el cielo.

Lo que se tiene hoy, puede perderse mañana, y que gran ejemplo es lo que estamos viviendo hoy. En cambio, lo que se atesora en el Cielo, en Dios, es eterno y aunque pasen muchas cosas no se perderán, porque los custodia nuestro gran Dios.

Es lógico que como creyentes fieles nos atrevamos a preguntarnos, ¿Dónde está mi corazón?

Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Mateo 6:21

Himnos

https://www.youtube.com/watch?v=Ka4JEvwrNPs
https://www.youtube.com/watch?v=5A2xV66gvoQ

Predicador

Hermano Julio Salvador Álamo

Fecha

29 de marzo de 2020

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