El rey en su trono inamovible

Amados hermanos en Cristo:

En la primera carta a los corintios, Pablo les escribe sobre el gran privilegio que tiene la persona redimida de poder entender las cosas espirituales y juzgar con verdad si se mantiene ajustado a la enseñanza divina. El Apóstol les dice: «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.» (1ª Corintios 2:14-15). Por ello, el creyente puede entender, no solo las palabras, sino que también las enseñanzas que se encuentran asociadas a esas palabras, tanto de las Escrituras como de la exposición de ellas, así como oír la voz interna del Espíritu Santo. Sin entrar en un análisis más profundo, es importante destacar, en la cita bíblica, la idea de: «el espiritual», término usado para diferenciar del creyente carnal (ver 1ª Corintios 3:1).

Tiempo atrás, una persona me decía que solo quien haya leído unos diez mil libros, como lo había hecho él, podría hablarle sobre temas espirituales. ¡Pobre hombre! Tan soberbio, tan engreído. Él, quien ya falleció, no logró entender en vida que, aunque hubiese leído el doble de libros (o muchos más), habría permanecido en la oscuridad más grande y sin poder comprender el mensaje del único libro inspirado por Dios, el libro por el cual hubiera podido recibir la luz que ya no obtuvo. Los autores humanos, por muy inteligentes que sean, están sujetos a su propia capacidad creadora, no a la que viene desde lo alto. Luego, la capacidad de entender el plan divino para el hombre y poder tomar una decisión que lleve a la salvación, no está en la cantidad de libros leídos ni en el estudio profundo de las diversas ciencias, sino en la apertura del entendimiento por parte de Dios, por ello David dice: «En tu luz veremos la luz.» (Salmos 36:9b).

Agradezcamos al Señor por su luz que nos permitió ver la luz que hoy guía y llena nuestra vida.

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes


Lectura Bíblica

Jehová reina; se vistió de magnificencia;
Jehová se vistió, se ciñó de poder.
Afirmó también el mundo, y no se moverá.
Firme es tu trono desde entonces;
Tú eres eternamente.

Alzaron los ríos, oh Jehová,
Los ríos alzaron su sonido;
Alzaron los ríos sus ondas.
Jehová en las alturas es más poderoso
Que el estruendo de las muchas aguas,
Más que las recias ondas del mar.

Tus testimonios son muy firmes;
La santidad conviene a tu casa,
Oh Jehová, por los siglos y para siempre.

Salmos 93:1-5

Introducción

Comprobamos a diario que la gran mayoría de los habitantes de nuestro mundo evade o trastoca los valores más básicos del quehacer humano en favor de principios basados en el naturalismo y el «derecho internacional». Muchos indicadores evidencian que la sociedad mundial se encuentra alterada (convulsionada) por cuanto se está legislando de manera tal que se anulan o invierten muchos de los principios más elementales del derecho divino universal y eterno. Se habla mucho de derechos humanos, pero nada de derechos divinos.

Este salmo nos tranquiliza y motiva a permanecer firmes en lo que hemos aprendido por medio de las Sagradas Escrituras, sabiendo que prontamente los fundamentos de los opositores al orden establecido por Dios serán eliminados.

El poeta comienza con una proclama a toda la creación en la cual el Señor es presentado en su esplendor, gobernando con poder y fortaleza.

  1. El Señor reina con poder sobre todo (Salmos 93:1-2).
  2. Contraste entre el poder de los rebeldes y el poder de Dios (Salmos 93:3-4).
  3. Inmutabilidad de los testimonios y la santidad de la casa del Señor (Salmos 93:5).

Conclusión

Seamos pacientes y constantes, pues todo el ruido, todas las olas que hoy se levantan con gran estruendo entre las naciones, serán silenciadas y allanadas desde lo alto.

Continuemos en pos de la santidad, continuemos proclamando las verdades eternas, aun a pesar de las leyes injustas y blasfemas que se dictan procurando la proliferación del mal y protección del malo, pues está claro que «la senda de los malos perecerá.» (Salmos 1:6b), pero está prometido al justo que: «todo lo que hace, prosperará.» (Salmos 1:3b).

Predicador

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski

Fecha

16 de agosto de 2026