El gran enigma y su respuesta

Muy apreciados hermanos:

Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended:

Mateo 15:10

Recuerdo como una persona me contaba del horrible espectáculo que le había tocado presenciar, motivo por el cual, a pesar de haber pasado ya un tiempo, aun se veía extremadamente afectado —diría, traumatizado—. Se trataba del atropello de una joven que, por llevar audífonos, no escuchó las voces que le alertaban del peligro inminente y fue literalmente «molida» por un gran y pesado vehículo. Mientras más escuchaba el relato, más fácil me resultaba entender el estado alterado de la persona que me lo contaba.

Es muy triste leer u oír de jóvenes que han muerto atropellados mientras avanzaban por la ciudad con los audífonos en sus oídos impidiéndoles oír las voces de advertencia de su entorno. Pero, ¿no es lo mismo que hacen millares de personas que avanzan por la vida sin oír la voz del Buen Pastor llamándolos y advirtiéndoles de su condición y del peligro en el que se encuentran mientras ellos tienen los oídos llenos de sonidos distractores?

Esta breve reflexión, que originalmente escribí para llegar a personas inconversas, hoy la aplico cada vez más a hermanos en Cristo que, al igual que muchos no redimidos, han cerrado sus oídos para evitar oír el mensaje que el Espíritu quiere entregarles día a día. Se les predica, oyen y no entienden; leen la Palabra, cierran el libro y no entienden; el Señor les habla por duras experiencias, estas pasan y no entienden. Son cristianos, pero sin entendimiento, con los oídos llenos de mensajes distractores. Es una realidad muy triste que evidencia al Espíritu Santo entristecido, por lo cual se encuentran impedidos de gozar la auténtica vida en Cristo.

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

Lucas 6:46

El que tiene oídos para oír, oiga.

Mateo 11: 15

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes


Lectura Bíblica

Oíd esto, pueblos todos;
Escuchad, habitantes todos del mundo,
Así los plebeyos como los nobles,
El rico y el pobre juntamente.
Mi boca hablará sabiduría,
Y el pensamiento de mi corazón inteligencia.
Inclinaré al proverbio mi oído;
Declararé con el arpa mi enigma.
¿Por qué he de temer en los días de adversidad,
Cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare?
Los que confían en sus bienes,
Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan,
Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano,
Ni dar a Dios su rescate
(Porque la redención de su vida es de gran precio,
Y no se logrará jamás),
Para que viva en adelante para siempre,
Y nunca vea corrupción.
Pues verá que aun los sabios mueren;
Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio,
Y dejan a otros sus riquezas.
Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas,
Y sus habitaciones para generación y generación;
Dan sus nombres a sus tierras.
Mas el hombre no permanecerá en honra;
Es semejante a las bestias que perecen.
Este su camino es locura;
Con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos.
Como a rebaños que son conducidos al Seol,
La muerte los pastoreará,
Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana;
Se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada.
Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol,
Porque él me tomará consigo.

Salmos 49:1-15

Introducción

Para un lector que pasa rápidamente por este salmo, puede parecerle que la intención del escritor solo pretende comparar la insensatez de aquellos que confían en sus riquezas y poder, con aquellos que ponen su confianza en Dios y, con ello, enfatizar la cordura de descansar en Dios. Aunque esa idea sí está, la realidad es que este salmo enseña mucho más.

Para comenzar, el salmista nos desafía con un enigma «Declararé con el arpa mi enigma.» (Salmos 49:4b). Al principio pudiera parecer un acertijo más bien sencillo, pero poco a poco vamos viendo que se complica, pues es más profundo de lo que parece, y que la intención verdadera del escritor del salmo es llevarnos a un plano netamente espiritual y, con ello, al gran plan de redención de Dios para el hombre.

  1. Un enigma.
  2. Redención.
  3. Todo hombre necesita ser redimido.
  4. La redención al alcance.

Conclusión

El salmista nos presenta un enigma y también nos da una respuesta esperanzadora, solo que no detalla muchos elementos que siguen quedando en las sombras como: quién es el autor final de la redención, cómo se logró y el cómo esa redención llega a ser una realidad para una persona. No obstante, como hemos visto, las respuestas a estas y otras preguntas asociadas, se encuentran en multitud de otros lugares bíblicos.

Lo más importante hoy es responder: ¿gozo yo de esa redención divina?

Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, Porque él me tomará consigo.

Salmos 49:15

Predicador

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski

Fecha

26 de julio de 2026

Etiquetas