Estimados hermanos:
Pablo le dice a Timoteo: «Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después.» (1ª Timoteo 5:24).
El Apóstol explica que hay pecados evidentes que pueden ser detectados por los hombres, pero hay otros que no resultan obvios que son ocultados por quienes los cometen; no obstante, Dios ya los conoce y los hará públicos en el futuro.
Aquí una pregunta: ¿los pecados ocultos solo alcanzan al pecador? Descubrimos que no, esos pecados no manifiestos, pero evidentes para el Espíritu Santo, dañan no solo al pecador, sino que también a la familia y a la iglesia en la cual estas personas participan.
La verdad es que los pecados que se ocultan pueden resultar más dañinos que los pecados manifiestos, pues, por estar ocultos producen dos tipos de males particulares. Primero, sabemos que el fruto del pecado es muerte, reprensión y falta de bendición, por esa razón estas personas pueden parecer a la opinión de un cristiano débil que está recibiendo una reprensión divina «injusta», pues la persona afectada no admite que sus aflicciones son el resultado de la justa y benéfica reprensión del Señor. Por otra parte, estos miembros pueden escalar en puestos de responsabilidad dentro de una iglesia, con lo cual toda la congregación se verá afectada por la falta santidad de esta persona.
Recordemos el caso de Acán (Josué 7:1-26) y las tristes consecuencias para el pueblo cuando ocultó su pecado, deteniendo todo el avance de Israel en la conquista de la tierra prometida, llegando a ser responsable de muchas muertes.
La presente es una carta abierta a muchos, conocidos y desconocidos, miembros de la iglesia a la que sirvo, así como a todo aquel a quien llegue. No juzgo a nadie en particular, pero si Pablo estuviera describiendo tu caso, te digo que hoy, más aún, ahora mismo, es el tiempo de abandonar y arrepentirte de ese (o esos) pecados retenidos, ocultos que te están destruyendo por dentro, perjudicando a tus seres amados y deteniendo el avance de la iglesia donde sirves.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
1ª Juan 1:9
Pastor Sergio Oschilewski Malinowski
Iglesia Bíblica Las Condes
Lectura Bíblica
Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos,
Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré;
Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,
Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;
Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;
Ten misericordia de mí, y respóndeme.
Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.
Tu rostro buscaré, oh Jehová;
No escondas tu rostro de mí.No apartes con ira a tu siervo;
Mi ayuda has sido.
No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.
Aunque mi padre y mi madre me dejaran,
Con todo, Jehová me recogerá.
Enséñame, oh Jehová, tu camino,
Y guíame por senda de rectitud
A causa de mis enemigos.
No me entregues a la voluntad de mis enemigos;
Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová
En la tierra de los vivientes.
Aguarda a Jehová;
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;
Sí, espera a Jehová.— Salmos 27:1-14
Introducción
Sin lugar a duda que el libro de los Salmos, ocupa un lugar especial en el corazón de cada creyente. A través de su hermosa poesía encontramos palabras y situaciones que nos identifican en nuestro andar cristiano. En los versos de cada salmo vemos por completo el corazón de los salmistas, en este caso David, derramando frente al Señor su corazón; notamos en sus palabras, preocupaciones, angustias, anhelos y esperanzas, pero también vemos su tremenda confianza en Dios.
David, el gran autor de los Salmos, estaba excepcionalmente dotado de un talento muy especial en cuanto a la música y la poesía, no en vano las propias escrituras lo describen como el dulce cantor de Israel (2ª Samuel 23:1).
Nada se sabe de la época de la redacción del salmo 27 con respecto a la edad de David. Algunos dicen que lo redactó antes de ser ungido rey, pero David fue ungido tres veces. Otros sostienen que lo compuso cuando ya era de avanzada edad; en realidad, nada se sabe de la época y situación en que se encontraba al momento de componerlo.
Lo hermoso de este salmo es que es muy práctico y puede ser leído en diferentes planos: con respecto a David, con respecto a la iglesia, con respecto a Cristo y con respecto a cada creyente en particular.
Aquí están las palabras piadosas, hermosas y cercanas con las que los hijos de Dios pueden acudir confiadamente a su Padre. A veces no encontramos las palabras para dirigirnos a Dios, en muchas ocasiones las encontramos en los Salmos y en forma particular, hoy aquí, en el salmo 27.
Veamos qué nos dice el salmista de su situación, pero no dejando de lado nuestro propio caso. Las Escrituras son un libro vivo, nunca deje de leerlo de esa manera. Es un libro atemporal, no envejece, no pasa de moda y mantiene su vigencia a través de los años. Es un libro que dio, da y dará consuelo a través de todos los siglos, como lo dio al salmista lo da también al creyente.
- Confianza ante los peligros.
- Anhelo de comunión.
- Sinceridad en la oración.
- Certeza de sustento.
Conclusión
Cuando observamos con detención esta porción de las Escrituras, me pregunto: ¿estas palabras son solo del salmista o veo que también pueden ser parte de mi vida?, ¿me siento lejano a ellas o son cercanas para mi corazón?
¿Tengo confianza a pesar de las dificultades o me desaliento rápidamente?, ¿anhelo estar en la casa del Señor o prefiero días fuera de ella?, ¿busco a diario la comunión con Dios?, ¿busco ver Su rostro para contemplar sus maravillas o me es incómodo hacerlo?, ¿soy sincero en mi oración, derramando todo mi corazón delante de Él, o es algo vacío y sin contenido?, ¿está mi corazón ahí o en otra parte?
¿Tengo certeza de que Dios me sostendrá, aunque todos me abandonen?, ¿conozco sus promesas y, además, las creo, o son solo bonitas palabras para mis oídos?
Aguarda a Jehová;
Salmos 27:14
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;
Sí, espera a Jehová.
