Una tarea urgente

Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro.

Salmos 89: 15

Queridos hermanos en Cristo:

Hoy conmemoramos un día importante para nuestro país y, en pocos días más, se dará cuenta a la Nación del quehacer del actual gobierno. Pienso que es un buen momento para meditar en lo que hace grande a una nación.

¿Cuál será el mejor indicador para predecir el futuro de una nación?: ¿las entradas per cápita?, ¿los bienes de consumo por familia?, ¿la educación?, ¿la cantidad de instituciones de beneficencia?, ¿la calidad del comercio exterior?, ¿el acceso a la salud?… ¿cuál?

Se ha visto que todos estos, más otros indicadores de bienestar, solo representan aspectos parciales y están lejos de ser reflejos de la felicidad y menos aún del futuro de una nación.

Hay un bien de inigualable valor que no suele ser considerado en las estadísticas e informes que dan cuenta del progreso de un país, me refiero al respeto práctico a Dios. Se puede llegar a decir: «dime qué lugar ocupa Dios en tu sociedad y te diré cuán estable y saludable es».

Aunque el término temor santo solo tiene aplicación plena en el creyente, pienso que, con algunas limitaciones, también puede ser usado para considerar el estado de una sociedad secular. Se ha visto que la estabilidad y el desarrollo de una nación se encuentran vinculados a un mayor temor santo, así como el caos y desplome de una sociedad está directamente relacionado con la falta de respeto a Dios y sus principios. Aclaro que se trata de temor a Dios, no a un sistema religioso en particular.

Aun el incrédulo presenta un grado de temor intrínseco y básico ante Dios, no como para hacer las paces con Él, pero lo tiene en forma innata. Cuando ese respeto, al que me atreveré a llamar «respeto natural a Dios», se pierde, a la sociedad no le queda nada a que aferrarse para continuar existiendo y cae en un abismo del cual no se retorna. Ejemplos tenemos en multitud de sociedades ya extintas como: la sodomita, la cananea, la egipcia, la asiria, la babilónica, la griega, la romana, etc.

Los cristianos tenemos la obligación de ser buenos ciudadanos, lo cual implica orar para que los legisladores, jueces y ejecutivos de las naciones donde vivimos, conozcan y actúen en base a ese bendito y constructivo temor a Dios. De lo contrario, a nuestras sociedades les quedará menos tiempo de existencia del que predicen los indicadores clásicos.

La justicia engrandece a la nación; Mas el pecado es afrenta de las naciones.

Proverbios 14: 34

Lectura Bíblica

Mateo 9: 35-38.

Introducción

En el mes de mayo, celebramos el mes de misiones y hablamos de grandes misioneros que dejaron la comodidad de sus hogares para viajar enormes distancias con tal de entregar la palabra de Dios.

Cuando observamos con detención a estos grandes hombres vemos que su única inspiración era el amor a Cristo, no llevando su propio mensaje, sino aquel encargado por Cristo. Él fue su modelo a seguir como debe serlo también para nosotros. Muchas veces uno observa o indaga cómo estos hombres entregaban el mensaje, pero el punto principal y ejemplo supremo de cómo enseñar, cómo predicar y cómo consolar, se basa en la obra de nuestro Salvador.

En el día de hoy, quiero invitarles a que veamos algunos aspectos relevantes de cómo Cristo cumplía con su ministerio, algo que nos debe servir como ejemplo a nosotros. Aunque ha pasado mucho tiempo y estamos en una época muy distinta, la palabra es la misma y los problemas del hombre también.

Los invito a que veamos algunos puntos importantes de nuestra lectura que nos deben llevar a cumplir también con nuestro ministerio personal.

  1. Su ministerio (Mateo 9: 35).
  2. Su compasión (Mateo 9: 36).
  3. Su mandato (Mateo 9: 37-38).

Conclusión

Nuestro Señor cumplió con todo lo que su ministerio de Mesías y Rey de paz requería. Predicó en todo el territorio de su reino, ya fueran famosas y grandes ciudades o pequeñas y poco conocidas aldeas; con diferentes públicos, algunos cultos y grandes conocedores de las Escrituras, y otros formados por personas sencillas e ignorantes, demostrando su preocupación y amor por todas las almas perdidas. Predicó donde habitualmente los judíos se reunían para estudiar la palabra, en las sinagogas, también en el templo y en distintas localidades y casas, enseñando, explicando y proclamando la palabra del reino, llamando al necesario arrepentimiento; además de hacer innumerables milagros que demostraban claramente sus credenciales.

También vemos en él algo que nos sorprende y nos hace admirar aún más su persona: esa compasión y preocupación por un pueblo que no tenía pastor y por una gran cosecha donde faltaban obreros.

Después de Cristo, hubo innumerables personas que siguieron su ejemplo y entregaron su mensaje, partiendo por sus apóstoles que predicaron en todo el mundo conocido, a ellos les siguieron otros testigos fieles hasta llegar a nuestros días.

La pregunta es: ¿a quién le toca seguir entregando su testimonio? Sin duda a la iglesia, a sus santos, a los apartados, a los salvos, y eso nos involucra a usted y a mí. Luego, tenemos otra pregunta y quizás más importante aún: ¿estamos dispuestos a hacerlo?

Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Mateo 9: 37-38

Predicador

Hermano Julio Salvador Álamo

Fecha

20 de mayo de 2023

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