Amor fructífero, parte II

Muy estimados hermanos en Cristo:

El apóstol Pablo consuela y motiva a los hermanos de Tesalónica con las siguientes palabras:

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

1ª Tesalonicenses 4: 17-18

En realidad, el aliento entregado por Pablo es múltiple: por una parte, con el «Arrebatamiento» volverían a ver a aquellos seres amados que ya habían partido a la presencia del Señor; pero, además, los verían resucitados, y por otra parte, ellos mismos serían transformados. Pero, sin duda lo que más estimulaba a los hermanos era que, luego de aquel momento glorioso, llegarían a estar para «siempre con el Señor».

La pregunta que me hago es: ¿cuántos cristianos en el día de hoy, se alegran pensando en que el Señor ya viene por nosotros?

Les saluda recordando las palabras de Pablo:

El Señor viene (Maranatha)

1ªCorintios 16: 22b

Lectura bíblica

1ª Corintios 13: 4-13.

Introducción

Dijimos que uno de los temas más grandes en el que se puede meditar es el amor; no obstante, es preciso decir que también es uno de los temas más complejos, menos conocido y más desvirtuado a través de la historia.

El domingo pasado, nos detuvimos a considerar dos frutos asociados al amor. Consideramos que el amor motiva a crear positivamente, es notorio cómo el que ama produce para el ser amado, realiza acciones concretas que llevan al bienestar del ser amado, es activo para con lo que ama (sea persona o cosa). Por supuesto, consideramos el máximo ejemplo: la Creación de Dios. Ella fue producto del amor de Dios, por lo que somos el fruto del amor y no de la casualidad ni de una serie de accidentes cósmicos.

Otro producto asociado al amor es la exclusión del temor y, con ello, la tan ansiada paz interior. En esta ocasión también acudimos a un supremo ejemplo nacido de las Escrituras y del amor de Dios.

La base de la paz, y con ello de la falta de temor para enfrentar a Dios al final de la vida en la carne, consiste en haber aceptado el amor de Dios manifestado en el sacrificio de Cristo a favor nuestro. Al respecto Juan dice:

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en si castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

1ª Juan 4: 17

Dijimos que se hace indispensable acudir a las Sagradas Escrituras para esclarecer lo que verdaderamente es el amor, cómo se manifiesta y cuáles son sus frutos.

En esta oportunidad, quiero invitarles a considerar dos frutos más del amor, dos elementos que están absolutamente asociados al amor y que se manifestarán claramente si es que en verdad lo hay.

El verdadero amor también trae como consecuencia:

  1. Disciplina (Hebreos 12: 5-11).
  2. Justicia (1ª Corintios 13: 6).

Conclusión

El verdadero amor, lo cual equivale a decir, el amor tal como es concebido y dado por Dios, es mucho más que un sentimiento; es cierto que involucra sentimientos, pero es, en última instancia, un don divino. Este amor produce frutos, como ser: paz, disciplina, justicia y creatividad, y se encuentra naturalmente limitado por los principios eternos del derecho divino y el orden de la creación.

Los cristianos somos llamados a andar en ese amor superior teniendo como ejemplo a Cristo y su amor sacrificial. Les invito a pedir al Señor su poder para llevar a la práctica tan grande tarea, la que trae como fruto: crecimiento, salvación de almas y que Dios sea glorificado.

Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

Efesios 5: 2

Predicador

Pastor Sergio Oschilewski Malinowski

Fecha

5 de febrero de 2023