Acercándome a mi Padre

Pasaje bíblico: Gálatas 4:4-7

Introducción.
“Por cuanto sois hijos…” (Gal. 4:6a). Cuando al recibir al Señor Jesús como Salvador somos transformados en hijos de Dios, apenas alcanzamos a captar lo que significa esa nueva relación. Es una relación que va madurando con el tiempo, pues, aunque Dios no cambia, el nuevo hijo, por su calidad de nueva criatura, está sometido a un sinfín de cambios que le harán vivir esa nueva relación de una manera cada vez más plena.

La madurez de la relación padre-hijo, entre el creyente y Dios, está condicionada a varios factores que ayudarán o retardarán el desarrollo de esa relación. Entre otros destacan:

I. LA COMPRENSIÓN DE LA NUEVA RELACIÓN
A) Una relación establecida a partir del instante en que se produjo la salvación.
B) Una relación que centra y transforma en una persona madura.

II. LA VIDA DEVOCIONAL

III. LA SUMISIÓN AL SEÑORÍO DE CRISTO
A- La comunión y dependencia que establezca con Dios.
B- El uso de los dones y talentos, así como la realización de las tareas asignadas.
C- La libertad que dé al Espíritu Santo para que realice su trabajo en su vida.

IV. LA PERSONALIDAD Y LAS EXPERIENCIAS PERSONALES
A- La personalidad del creyente.
B- La relación que la persona tuvo o tiene con su padre terrenal.
C- La relación que la persona tenga con sus propios hijos.

Conclusión.
Permítame una pregunta final: ¿Cuál es su relación con el Señor? ¿La de un siervo con su señor; la de un soldado con su superior; la de un mayordomo con su patrón; la de un atleta con su entrenador; la de un pupilo con su maestro? Estas relacione son correctas, pero constituyen solo una parte de la vida cristiana. ¿Existe, también, la bendita relación de un hijo con su Padre? Si es así, ha descubierto una de las grandes maravillas de ser un cristiano.

Si, por el contrario, no es así ¿Qué va a hacer al respecto? ¿Comenzará a trabajar hoy mismo esa relación?

Predicador

Rodrigo Cartagena Armijo

Fecha

8 de septiembre de 2013

Etiquetas